martes, 21 de noviembre de 2017

Paseo por la ribera del embalse de Bornos (Cádiz)

Animados por las continuas imágenes que salen en los informativos nacionales de las reliquias arqueológicas que están apareciendo, tras décadas ocultas por las aguas en este infortunado periodo de sequía que venimos atravesando, nos vamos a la ribera del embalse de Bornos, que con solo un 16% de capacidad permite pasear por amplios parajes del valle del Guadalete entre Villamartín y Bornos. El agua del pantano logró borrar casi todo tras décadas de inundación, solo edificaciones de sillares sólidos han logrado sobrevivir al tiempo y a los elementos. Aunque los llamemos molinos, caseríos o lavaderos, son pequeñas fortalezas que respiran de nuevo en un paisaje marcado por nombres históricos (Fuencaliente, Sarna, Cañuelo, Benalí…), que vuelven a recorrer vacas, cabras, ovejas, caballos,… y senderistas; esperemos que por poco tiempo. Hasta el tarajal está intentando adueñarse del nuevo espacio.


Antes de comentar nuestra ruta veamos este gráfico que nos aclara el porqué del estado del embalse. Como vemos son ya cuatro años agrícolas de lluvias escasas, tres de ellos por debajo de la media, al que añadir el 2017-18 que lleva el mismo camino. (Datos de pluviometría de Villamartín. Registro no oficial, media de varios pluviómetros domésticos).


Tendríamos que remontarnos a la década de los 90 para encontrar un periodo más escaso de lluvia. Fueron más de cuatro años terribles de sequía que culminaron en 1995 con datos difíciles de superar. Por ejemplo, en ocho meses (marzo-octubre) solo se recogieron 31 mm y en los 11 meses que van de diciembre’94 a octubre’95 apenas 110 mm.


El paseo podemos alargarlo cuanto queramos. Nosotros hemos tomado como referencia el embarcadero de Bornos y de allí nos hemos movido hacia la derecha por el sendero señalizado en un panel como «09-Ribera del embalse de Bornos»; por aquí podemos llegar cruzando túneles del antiguo trazado ferroviario Jerez-Almargen hasta la fuente del Monje, enclavada en este bello lugar.


El sendero llega justo hasta aquí, ya que se ve interrumpido por unos derrumbes que taparon la boca de uno de los túneles, modificando el punto de surgencia. Ya en 1731, fray Pedro Mariscal de San Antonio, en su Historia de la villa de Bornos, escribe sobre esta fuente y su utilidad: «La misma virtud [para deshacer la piedra y aliviar en los dolores de ella que llaman nefríticos los médicos] tiene otra fuente que está a poca distancia y llaman del Monje, porque uno de mi convento sanó de esta enfermedad bebiéndola».


Desde la fuente retrocedemos y en este punto, antigua trinchera del nombrado ferrocarril, bajamos a la orilla para localizar cuatro manantiales en escasos 150 m. A esta zona se la denomina el Fontanal de la Angostura, área de gran riqueza hídrica en el término de Arcos aunque muy cercana a Bornos. Tradicional lugar de huertas, molinos y fuentes muchas de ellas medicinales.


Los primeros restos que encontramos podrían corresponderse con la fuente Adentro, en contraposición a «la de Afuera» por ser esta la denominación usada por el último hortelano de la zona, relacionándola con su posición respecto a su huerta. Su situación a 95 msnm hace que sea raro verla.


Por uno de sus antiguos caños incluso mana algo de agua. Históricamente podría corresponderse con la de las Calentura o la Teja que recoge en su descripción de la zona Fray Pedro Mariscal «En una huerta que esta al derrame destas fuentes, ay otras dos, una que llaman de las calenturas; porque dicen, que las sana bebida: admirable medicina por cierto, y única en ser del gusto del enfermo. A la otra llaman de la texa y es de agua mui regalada».


Avanzamos hacia el embarcadero y nos elevamos a los 102 msnm para localizar el impresionante lavadero de la Fuencaliente, muy deteriorado aunque con muchas lavaderas o retregaderos bien colocados la mayoría, de diversos materiales y aspecto, algunos de ellos fragmentos de las piedras de molienda de las aceñas cercanas, hoy bajo el agua.


En una de sus esquinas está el caño de Fuencaliente, u otro de los que parecer ser que tenía, del que brota actualmente un buen chorro de agua fría. Las crónicas afirman que en algún momento lo hacía a unos 36ᵒC.


En esta imagen nos hacemos una idea más exacta de su situación y de las dos atajeas que salían de ella para regar las huertas. El citado Fray Pedro también la nombra: «Otra está al medio dia de Bornos, y llaman la fuen caliente, tambien excelente, y tan copiosa, que riega un buen pago de huerta, que llaman las fanegas».


La distribución que se conserva es un amplio rectángulo de 7 X 9 m con paredes derruidas de baja altura. Interiormente el espacio está dividido por varias filas de más de 40 restregaderos individuales inclinados para favorecer la labor de lavado. Frasquita Larrea describe el lugar de esta manera: «Día 1º de mayo [1824]. De aquí nos llevaron a un sitio que llaman de la fuen caliente, sin duda a causa de un manantial que dicen brota agua caliente. Es difícil describirse la hermosura de este paraje donde se ven siete manantiales de diferentes aguas… Debajo de unos techados donde lavan las mujeres, salen dos fuentes, una caliente y otra fría, a dos pasos una de la otra, que forman el estanque para el lavadero».


Desde el lavadero de Fuencaliente tratamos de localizar lo que fue el camino de la Angostura y solo 25 m después, entre la roca caliza surge un nuevo manantial, pequeño, humilde, pero también conocido desde siempre; se trata de la fuente del Piojo. Tanto en la reguera que sigue al manantial, como en la poza, crecen algas filamentosas.


Avanzamos solo 15 m y encontramos la fuente de la Sarna. El afloramiento de aguas sulfurosas, con fuerte olor a azufre y color gris plomizo de las arenas del fondo, se produce en dos pequeñas pozas de las que también salen cada cierto tiempo emanaciones de algún gas. Dentro de las aguas no crece ningún tipo de vegetación. También se ocupa de ella Fray Pedro: «… a esta la llaman de la sarna; porque es experimentada medicina contra aquella enfermedad impertinente; y bebida deshace admirablemente las obstrucciones; por cuio beneficio es mui visitada esta fuente de las damas».


Ladera abajo se observan restos de lo pudieron ser bañeras de un balneario del que habla Miguel Mancheño: «En el mismo año [1770] el marqués del Real Tesoro, jefe de escuadra y presidente de la Audiencia Casa Contratación de Indias de Cádiz, que se hallaba en Bornos reponiendo su salud, labró a su costa una cañería y alberca para aprovechar las salutíferas aguas de la fuente de la Sarna en el camino de Arcos a Bornos…». Incluso hay referencia de un médico adscrito a este lugar.


Dejamos el lugar que nos explica detalladamente nuestro amigo y compañero de senderismo José Antonio González Castilla, buen conocedor de Bornos. Avanzamos hacia el mirador del embarcadero maravillados con el espectáculo que ofrece el embalse con la Sierra de Grazalema al fondo. José Antonio nos señala múltiples lugares donde han resurgidos esas joyas arqueológicas que comentábamos.


Ahora es una necrópolis musulmana de los siglos XII-XIII la que visitamos, dada a conocer hacia 2005 por la web Arqueología Medieval, ocasión en la que el gran lago ya las quedó al descubierto.

Aunque se intuyen algunas más, cuatro de ellas son perfectamente reconocibles con la clásica orientación Este-Oeste. Son fosas de inhumación individuales en las que aparecieron restos humanos. 


Buscamos nuevos senderos para acercarnos al nuevo hito a visitar. Procedemos del fondo de esta imagen donde se señala una trinchera del ferrocarril de la Sierra (Jerez-Almargen). Los bajos muros señalan uno de los almacenes anexos a la estación de Bornos,…


…estos dos murallones uno de los andenes…


…y esta planta del edificio la antigua estación.


Hemos recurrido al Blog «Bornichos por el mundo» para localizar una foto de la estación en pie, que mantiene la estructura similar, pero no igual a la de Villamartín. La imagen podría pertenecer al reportaje que encarga el Ayuntamiento de Jerez en 1954 para comprobar el estado del abandonado proyecto.


Siguiendo el trazado del tren, apenas perceptible, pronto entramos en la Ruta de los Molinos. Como vemos impresionante conjunto de ingenios hidráulicos que había ubicados en la Rivera del Nacimiento, que aprovechaba el abundante manantial para moverlos unos tras otros. Los tres últimos reposan habitualmente bajo el agua. Visitaremos dos porque el tercero no ha aflorado. (Gráfico tomado del blog Historia de Bornos).


El molino de la Huerta Larga es el primero que localizamos. Aislado y solitario, aguanta noblemente y cuando las aguas lo permiten incluso acoge al ganado en su interior.


Una larga atajea traía y elevaba el agua hasta su único cubo desde donde se precipitaba para mover un solo asiento de piedra de molienda. Cerca está el siguiente.


Nos servimos de una imagen de Google Earth de marzo de 2012 para localizar al molino de Zara. Como vemos una larga acequia conduce y eleva el agua hacía su cubo.


Acequia y cubo que podemos disfrutar ahora en directo ya que las aguas están más bajas que entonces. Al llegar a su cercanía realmente impresiona la monolítica estructura…


…así como su fachada y entrada principal, con estribos o contrafuertes que le dan la solidez necesaria para permanecer durante siglos, ya que estaban catalogados desde el XVI.


En el blog mencionado (Historia de Bornos) nos cuentan que «la imponente fábrica del molino de Zara, el más postrero de los molinos de los duques, le hace merecedor de ser el mejor aunque tenía un serio problema que era la falta de agua. De haber tenido el agua en abundancia su valor hubiese sido bastante mayor. Tenía una caballeriza, dormitorio con entresuelo y los enseres rodezno, palagiero,alibio, zaetillo, torva morjón y piedra de amolar».


En uno de sus estribos destacan varias cruces de distinto tamaño y forma, además de otros símbolos de origen incierto.


Una de las pocas imágenes que se conservan del edificio aún ocupado por sus últimos moradores, los padres de Domingo Rosado, al que pertenece la fotografía.


Este mapa histórico de 1917 lo sitúa en el camino de Bornos a Prado del Rey y Zahara, y cerca de el que iba de Bornos a Villamartín. Y es que esta aceña se encontraba en una encrucijada de caminos vecinales y vías pecuarias y su propio cubo sirvió como hito para la definición de los mismos. (Captura del ING).


Posiblemente esta alineación artificial pertenezca a la última de las aceñas, la nombrada en la Mesa del Batán. Aún tendrían que descender más las aguas para que apareciera, esperemos que no.


Dejamos los molinos y retomamos las fuentes, ¡siempre el agua presente! Estamos ante la surgencia de los que fue la fuente del Cañuelo. Las aguas manan entre las gravas en dos puntos a ambos lados del arroyo de Cantarranas, procedentes de dos terrazas con abundantes cantos rodados. Si bajaran más las aguas es posible que aparecieran algunos restos…


…de los que nos informa este plano del Instituto Nacional de Colonización (INC) de la época que se planificaba el embalse, situando la fuente en el camino de Alperchite, paraje ubicado actualmente al otro lado del embalse. Col. José Antonio González Castilla.


El vuelo americano de 1945 ratifica al pie de la letra lo trazado en el plano anterior.


Muy cerca del manantial, sin que se pueda establecer una relación cierta con él, se encuentran los restos de un recipiente hidráulico de posible origen romano a la vista de la utilización de opus signium como impermeabilizante.


A escasos metros de lo anterior, José Antonio nos señala unas estructuras bien delimitadas con muros de piedra, que podrían corresponder a una villa romana de grandes dimensiones, localización ya conocida pero que tomó relevancia cuando fue comunicada a las autoridades en 2005 y publicado por la web Arqueología Medieval.


Nuevas aguas manantes permiten señalar otro manantial emblemático de la zona. Se trata de la fuente de Benalí. Las aguas afloran entre las gravas de forma difusa en una amplia línea, pudiendo confundirse con drenajes del embalse.


Este muro es lo que queda en pie del cercano cortijo de Benalí, amplio caserón situado cerca del arroyo Almarda. Al fondo se percibe otro de los puntos a visitar: el puente sobre este arroyo del trazado Jerez-Almargen.



El vuelo americano de 1945 vuelve a confirmarnos la situación del cortijo, de la fuente (señalada por los altos chopos) y del arroyo Almarda. Desde aquí podemos acercarnos al puente que veíamos en la imagen anterior, distante 1,5 km.


A las dos imágenes les separan 75 años. La primera (1930 aprox.) fue tomada por un grupo de ingenieros que visitaban en esa fecha las obras del ferrocarril de la Sierra. La segunda es de 2005, otro momento de bajón del pantano. Comparando ambas, calculamos una colmatación del fondo del embalse en esta zona del arroyo Almarda de unos dos metros. (Composición tomada de Villamartín. Imágenes de un Siglo III).


Poseemos una segunda imagen de gran calidad de ese puente descrito en Imágenes de un Siglo «…como una estructura mixta formada por dos pilares y dos estribos hechos con sillares de piedra aglomerados con mortero de cemento. El tablero del puente se resuelve con vigas de hormigón armado en el vano central, posiblemente prefabricadas, y losas, también de hormigón armado in situ, en los vanos laterales». Uno de los forasteros y un arriero con su burro charlan en lo alto del puente, indicando una utilidad inmediata del viaducto.


Desde Benalí, por suelo cuarteado, húmedo y peligroso cruzamos a la península de las Pitas. Desde un acantilado nos recreamos fotografiando a los numerosos flamencos en su labor de filtrado de los limos.


La tarde cae, el embalse, que aparenta tener más agua que lo que indican los datos, se tiñe de mil tonalidades; la sierra de Grazalema se recorta al fondo, recordando a esa silueta femenina acostada que algunos creen reconocer formada las cumbres más representativas: Cornicabra, Margarita, Pilar, Labradillo y Torreón como punto culminante. Decidimos regresar acortando por un sendero que más o menos coincide con el camino de Bornos a Villamartín.


Mapa de situación de los puntos de interés visitados. La colocación de los hitos es real sobre el mapa, no así el camino entre ellos que son meras rectas de unión (Elaboración propia sobre mapa del IGN).


El mismo trazado anterior ahora sobre un mapa histórico de 1917. Además de fijar la toponimia del momento nos permite comprobar nuestra cercanía o alejamiento al cauce real del río Guadalete. (Elaboración propia sobre mapa del IGN).⬛


►©Texto y fotografías Pedro Sánchez Gil, con la colaboración de José A. González Castilla.